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Las otras inteligencias

Más allá del IQ
Sergio Mercado Rodríguez
15 Diciembre 2021
18 minutos lectura

«Vivimos en una sociedad que no nos educa para ser personas emocionalmente inteligentes»

Daniel Goleman

Sir Francis Galton (1822-1911) es considerado el iniciador de las investigaciones sobre la inteligencia y, desde entonces, a lo largo de los años el tema de la inteligencia ha sido abordado desde diferentes enfoques. Inicialmente con una fuerte influencia del evolucionismo darwinista y luego con un viraje hacia el darwinismo social (Spencer).

Más adelante aparecerán las teorías factoriales (Spearman; Thurstone) y las teorías cognitivas (Sternberg; Gardner). Cada enfoque responde a los descubrimientos y a las necesidades de su época y, con el paso de los años, sus aportes han decantado en identificar a la inteligencia como la capacidad adaptativa implicada en el aprendizaje y la resolución de problemas. Sin embargo, con el paso de los años también se fue instalando, en una suerte de inconsciente colectivo, la idea de identificar a la inteligencia con el cociente intelectual (CI), un “valor numérico otorgado a la inteligencia que se determina a partir de las puntuaciones en una prueba de inteligencia” (Morris y Maisto, 2011).

Será a partir de las investigaciones de Daniel Goleman (1976-) cuando la inteligencia dejará de ser considerada, únicamente, como un factor cuantitativo y el cociente intelectual (CI) dejará de ser el único o el más importante indicador de desempeño exitoso en toda tarea humana. Surgirán nuevos conceptos como la inteligencia emocional que, entre otras cosas, implica “la habilidad para percibir emociones en otros, la habilidad para facilitar el pensamiento, comprender las emociones y manejar las emociones” (Davis y Palladino, 2008) y la inteligencia social entendida como “un aspecto de la inteligencia emocional que nos permite entender las necesidades ajenas y actuar sabiamente en las relaciones humanas” (Goleman, 2010, citando a Thorndike, 1920) o “como un elemento esencial que permite a la persona afrontar adecuadamente los imperativos prácticos de la vida” (Goleman, 2010, citando a Sternberg,1984).

De esta manera, para el óptimo desempeño de los seres humanos en todas tareas que emprende, al pétreo y monolítico coeficiente intelectual (CI) se le suman el cociente emocional (CE) y el cociente social (CS). Así, el metarrelato de que el cociente intelectual (CI) es el factor más importante para el éxito fue superado y se abrió paso a la necesidad de fortalecer otras manifestaciones de la inteligencia humana como la emocional, la social y muchas otras más.

Referencias bibliográficas

  • Davis, S. y Palladino, J. (2008). Psicología. Pearson Education.
  • Goleman, D. (2006). Inteligencia social: la nueva ciencia de las relaciones humanas. Kairos.
  • Goleman, D. (2010). La inteligencia emocional: Por qué es más importante que el cociente intelectual. Grupo Zeta.
  • Morris, Ch. y Maisto, M. (2011). Introducción a la Psicología. Pearson.
Sergio Mercado Rodríguez
Growth Center. Universidad Continental.

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